Pintura creativa

Los talleres de pintura creativa se fundamentan en la educación creadora, basada en las condiciones propuestas por Arno Stern, en las que todas las personas pueden sentirse seguras y afirmarse sin depender de un modelo.
   El desarrollo de la capacidad creadora para cualquier circunstancia de la vida se basa en la posibilidad de reencuentro con todo lo que se tiene de diferente, original y personal, sin inhibiciones y lejos de la exhibición. Libre de modelos, comparaciones y juicios, el miedo desaparece, los limites se rompen y se evoluciona más allá de lo que imaginamos ser capaces.

Pero, ¿cuál es su origen?

   En 1946, Arno Stern, judío alemán de 22 años entra en una institución para huérfanos de guerra; sin previos conocimientos de psicología, pedagogía, dibujo…tuvo que atender a los niños del horfanato.
  Como contaban con una única caja de pintura y pinceles, tuvieron que encontrar la forma de economizar el material. Asignaron un pincel a cada color para aprovechar la pintura; al no tener mesas suficientes, colocaban las hojas de papel en la pared…

   Arno Stern no sabía enseñar pero si que podía hacer el trabajo de los niños más agradable, sirviéndoles.
  Observó que todos los niños dibujaban lo mismo y durante una década viajó por el mundo, buscando pueblos cuyas diferencias de vida fueran patentes. Desarrolló su investigación entre los nómadas del desierto, los pobladores de la selva virgen, los habitantes de la sabana y a dos mil metros de altura entre los pueblos indígenas de los Andes.
   En estos lugares, eligió aquellas poblaciones en las que debido a su aislamiento o forma de vida, no existía institución escolar. Algunos de ellos no habían visto nunca lápices y pinceles y nunca habían dibujado.

   Su ingente trabajo, dio como resultado la comprobación de la existencia de una formulación universal y las leyes internas que lo rigen. Descubrió que así como todos tenemos dos piernas, dos brazos, dos orejas, nariz y boca y somos diferentes, todos los niños trazan las mismas figuras primarias, con las que pueden hacer diferentes combinaciones.
   Trazan según una ley interna, que no depende del exterior, de lo observado, de un modelo determinado, de la naturaleza, o de lo que les impresiona, de las emociones, los pensamientos o cualquier otro ejercicio de reflexión. Procede de un lugar que esta más allá de la razón. Y la mano que la traza obedece a una profunda y perentoria necesidad interna.
   Se trata de un desarrollo natural y programado con leyes propias. Universal. Cada persona, sean cuales sean sus condiciones sociales, culturales o climáticas, utiliza los mismos trazos.
   En todo ser humano existe la necesidad de hacer esa emisión, que permite formular sensaciones grabadas en la memoria orgánica.
   Demostró que el aprendizaje de la pintura corresponde con una evolución en los trazos programada genéticamente.
   Esta "  formulación"  surge en la infancia como un juego.
Sólo aparece cuando las personas pintan en unas condiciones muy concretas, al margen de la comunicación y el juicio.

   Cuando el juego continúa, lo cual sólo es posible, hasta ahora, con las condiciones de la educación creadora, las imágenes-objeto continúan evolucionando.
   Los niños dibujan entonces reiteradamente las cosas que aman y desean evocar fielmente, al mismo tiempo que su conocimiento sobre ellas va creciendo, debido a un interés no agotado y creciente también.

Los niños, quizás adolescentes ya, que pueden conservar su juego, adquieren una destreza impensable, aquélla que se atribuye a seres excepcionales y no es si no la de los que pueden jugar y escapar por tanto a las enseñanzas y condicionamientos impuestos.

 Poco a poco las imágenes comienzan a debilitarse, y en su lugar aparecen lo que Arno Stern llama figuras esenciales.
Se combinan entre sí, con algunos otros trazos y esporádicamente con alguna que
otra lejana evocación de algún objeto-imagen aislado. Aparecen como una emisión impetuosa y desbordante, manifestación de una fuerza y seguridad adquiridas, incomparables.

   Así pues decidió crear un espacio al margen de las presiones cotidianas, que en nuestra sociedad desnaturalizan y debilitan a las personas. Un espacio libre de juicios, de competitividad y consumismo.
   Aunó personas de diferentes edades, diferentes formas de pensar y distinta procedencia.
   En un grupo heterogéneo las personas, manifiestamente diferentes no se comparan entre si e inician unas relaciones exentas de competitividad, condiciones indispensables para la "educación creadora".

Natalia Rubio.